El cine emociona, entristece, cautiva y conmueve. Un buen guion, dirigido con calidad e interpretado de forma que no se note que es una ficción, son los ingredientes principales para que el espectador salga del cine estupefacto. La sala de cine aporta el refugio en el que las personas sienten emociones sin moverse de una butaca. Estos espacios son fundamentales para el disfrute del cine. En la actualidad existen gigantes empresas que dan todas las comodidades para pasar dos horas como si fuese el sofá de casa, pero existen otras salas de cine que mantienen el encanto del cine de antaño. Sin forma de anfiteatro romano y con su pequeñez, los cines antiguos consiguen mantener a un público que se siente como en casa. Yo me he querido centrar en estas últimas, porque son las más débiles en un mercado en el que las grandes empresas han ido apagando, poco a poco, la luz de las pequeñas salas, obligadas, muchas de ellas, a cerrar. Joaquín Barral, dueño de los cines La Rambla de Coslada,...
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