Las uvas de la suerte
La Navidad en España es muy conocida por sus
copiosas cenas. Cuando sales a cenar a restaurantes o a casa de familiares y
amigos necesitas otros dos días para poder recuperarte de la enorme cantidad de
platos. También se asocia a gasto. Es habitual que, en enero, las cuentas
corrientes de los españoles sufran bajadas por estas reuniones y los regalos
tradicionales de Papa Noel o Reyes Magos.
El barbudo de Laponia no es típico español, pero
cada vez se va adentrando por más chimeneas españolas, y es que en eso de pedir
regalos somos muy ambiciosos. Los Reyes de Oriente no pueden dar abasto y piden
ayuda a su amigo Santa Claus.
Luces que alumbran calles enteras, vitalidad a
raudales y algún que otro Grinch dispuesto a romper el dinamismo y la alegría
de una de las épocas del año más bonitas. Si se piensa con detenimiento,
estamos despidiendo otro año. Los más pesimistas creerán que cada vez se está
más cerca de la muerte. La parca se va acercando, pero la vida no quiere irse
con ella. La Navidad no quiere transmitir ese remordimiento, por lo que los
pesimistas no entran dentro de los planes de esta festividad.
No ser pesimista no quiere decir que no nos
acordemos de personas que hemos perdido durante ese año, incluso seres queridos
que hace cierto tiempo que no acuden con un regalo al día de Reyes. La
nostalgia es un sentimiento que te hace sufrir, pero que te ayuda a comprender
quienes somos y porqué nos comportamos de la forma que lo hacemos. Para no caer
en círculos viciosos que pueden llevar a bajones en el estado de ánimo, los
españoles, y la sociedad en general, buscan la fortuna, que el azar esté de
nuestro lado al finalizar el año. Empezar de buena forma el siguiente ayuda a
respirar con tranquilidad. Por ello nos encomendamos a una bolita, la Lotería de
Navidad. Cuando el azar no está de nuestro lado, esperamos a Nochevieja para
encontrarnos con la suerte, representada en uvas.
Una fruta verde y pequeña es la gran protagonista en
la última media hora del año. Esta tradición proviene de una rebelión del pueblo.
Como la gran mayoría de las cosas de nuestra sociedad, este ritual proviene de
la revolución. Un grupo de chulapos madrileños, en la década de 1880, decidió
protestar contra las élites, ya que estas no les dejaban festejar el día de
Reyes. La burguesía española de la época copió a los franceses en la cena de
Navidad con champán y uvas. Para burlarse, los madrileños de clase baja
acudieron a la Puerta del Sol para tomarse doce uvas, acompañando a los doce
toques de campana que simbolizan el fin del año.
La uva representa la fortuna y la buena suerte. La
fe es una fuerza imparable. Para no perderla, no se olviden de tomar las doce
uvas junto con el tintineo del reloj. La vida es optimismo y buena suerte.
¡Feliz Navidad!

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