Jóvenes y cultura: un binomio que reforzar
En diversas ocasiones hablamos de la
cultura como el elemento primordial que sustenta el sentimiento de unión entre
seres humanos. Compartir cultura es un acto que nos hace sentir realizados, nos
gusta compartir una experiencia fílmica o una obra de arte, o, simplemente,
queremos reservar un espacio en nuestra intimidad para observar e interpretar
lo que un artista nos quiere hacer ver. Todo esto hablando en general como
sociedad, pero siendo una persona con 21 años a mis espaldas me interesa
observar que piensan las personas de mi misma edad, o con algún año de
diferencia.
Con la encuesta realizada a jóvenes universitarios sobre su opinión y su dedicación a la cultura se me quita, pero solo un poco, ese temor que acabo de desarrollar. Se puede ver que los ciudadanos españoles que han soplado entre 18 y 25 velas de cumpleaños, y que han contestado a la encuesta realizada por mis compañeras de grupo y yo, no cesan su empeño en formarse a través de una película, una obra de teatro o un viaje por las galerías de un museo.
En general, nos hemos encontrado con personas que acuden con cierta asiduidad a las carteleras, pero que se quejan de los precios altísimos y de una mala concienciación de la importancia de ver una obra artística. Este hecho me lleva a pensar en que igual no somos los culpables de una situación preocupante, igual no es tan vago el joven universitario, ni tan inculto, ni tan inútil como muchos gurús culturales nos quieren hacer ver. Lo mismo el problema radica en que, tirando hacia lo bajo, hay que gastar más de 20 euros del bolsillo para ver tres películas sentado en una butaca de cine.
Sería un error pensar que hay un solo culpable. Los jóvenes y la cultura han de ir de la mano y como el error que se comete es conjunto hagamos todo lo posible para que instituciones y personas individuales consigan una relación fuerte y fiel, y no una que un día se quiere pero otro se ama.
Los girasoles (1888), Vincent Van Gogh
Por este motivo, la tarea que
teníamos que preparar para esta semana, en la asignatura de Periodismo
especializado en ciencia y cultura, me viene como anillo al dedo para
comprender las tendencias existentes en relación con el consumo cultural en
personas que cursan estudios universitarios, como un servidor. Me inquieta ver
que personas con una vida por delante no intentan interesarse por las diversas
historias que narra el cine, las series o los sentimientos que desprende ´Los girasoles‘
de ese genio atormentado llamado Vincent Van Gogh. No soy nadie para crear un
dogma, no hay que imponer a nadie lo que tiene que hacer o en qué tiene que
aprovechar (o desaprovechar) su tiempo libre, pero particularmente me preocupa
seriamente la indiferencia hacia la cultura.
Con la encuesta realizada a jóvenes universitarios sobre su opinión y su dedicación a la cultura se me quita, pero solo un poco, ese temor que acabo de desarrollar. Se puede ver que los ciudadanos españoles que han soplado entre 18 y 25 velas de cumpleaños, y que han contestado a la encuesta realizada por mis compañeras de grupo y yo, no cesan su empeño en formarse a través de una película, una obra de teatro o un viaje por las galerías de un museo.
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| El rey león, Madrid |
En general, nos hemos encontrado con personas que acuden con cierta asiduidad a las carteleras, pero que se quejan de los precios altísimos y de una mala concienciación de la importancia de ver una obra artística. Este hecho me lleva a pensar en que igual no somos los culpables de una situación preocupante, igual no es tan vago el joven universitario, ni tan inculto, ni tan inútil como muchos gurús culturales nos quieren hacer ver. Lo mismo el problema radica en que, tirando hacia lo bajo, hay que gastar más de 20 euros del bolsillo para ver tres películas sentado en una butaca de cine.
Sería un error pensar que hay un solo culpable. Los jóvenes y la cultura han de ir de la mano y como el error que se comete es conjunto hagamos todo lo posible para que instituciones y personas individuales consigan una relación fuerte y fiel, y no una que un día se quiere pero otro se ama.

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